Olvídate de pillar un coche eléctrico a 20 céntimos como si fuera un patinete: Zity cierra en Madrid y el carsharing empieza a funcionar como Netflix

Mauro Derqui Zaragoza

El cierre de Zity confirma el agotamiento del carsharing barato y por minutos que conquistó Madrid

MOTORPASION - IRENE MENDOZA - 11 de Mayo de 2.026


El carsharing en España acaba de sufrir un duro golpe: el próximo 21 de mayo, los coches eléctricos de Zity desaparecerán definitivamente de las calles de Madrid tras ocho años de servicio, más de 800.000 usuarios y diez millones de alquileres. Así, lo que durante años fue un modelo de éxito y un símbolo de la movilidad urbana se ha acabado convirtiendo en un negocio muy difícil de rentabilizar.

No sólo para Zity. Getaround acaba de cambiar de manos tras años intentando cuadrar las cuentas y gigantes como Share Now ya terminaron absorbidos dentro de Free2Move después de que BMW y Mercedes-Benz comprobaran que el modelo original era un agujero financiero. El problema no es el carsharing en sí, sino el sistema clásico de coches eléctricos disponibles por minutos.


La utopía de los 20 céntimos por minuto se estrella contra los costes reales


El formato con el que nació el carsharnig para las grandes ciudades se muere. Uno de los principales motivos es que con el paso de los años todo se ha encarecido, y mantener una flota de coches compartidos en la calle cuesta muchísimo dinero. Seguros, limpieza, recargas o la logística de mover coches entre zonas con distinta demanda disparan la factura hasta cifras que pueden rondar los 690 euros mensuales por vehículo.

Por no hablar del vandalismo que sufren muchos de estos coches. Pero el mayor problema es que, con unos precios tan bajos por trayecto (de 20 a 30 céntimos por minuto de media), las cuentas dejan de salir muy rápido. Muchos coches apenas hacen un viaje diario, y eso es exactamente lo que le ha pasado a Zity: el servicio ganó usuarios y popularidad con los años, pero nunca fue viable a largo plazo.

Además, el papel de las ciudades también explica parte de esta crisis. Madrid apostó durante años por convertir sus calles en un laboratorio del carsharing ofreciendo aparcamiento gratuito ilimitado para coches con etiqueta CERO. Barcelona, en cambio, nunca facilitó tanto el modelo y mantuvo una regulación mucho más restrictiva, con licencias y pagos por estacionamiento.

El cierre de Zity en Madrid demuestra que ni siquiera con el aparcamiento público gratis, el sistema de coger un coche y dejarlo en cualquier sitio (free-floating) ha conseguido ser realmente sostenible.


El carsharing no muere, se transforma en un 'rent a car' digital


Las empresas que sobreviven están cambiando radicalmente de estrategia para no acabar como Zity, que acumulaba pérdidas operativas de 1,42 millones en su último ejercicio. Operadores como WiBLE, participada por Repsol y Kia, ya obtienen buena parte de sus ingresos gracias a alquileres por días y suscripciones mensuales de casi 600 euros. Por su parte, Amovens se ha consolidado como el gran ganador al utilizar coches de particulares (modelo P2P), lo que elimina de un plumazo el enorme gasto de mantenimiento de una flota propia.

Incluso la propia Renault no abandona la movilidad compartida, pero sí el modelo que hizo popular a Zity: el grupo francés mantendrá operativa la aplicación Mobilize Share para alquilar vehículos con base fija por horas o días. Es un sistema mucho más cercano al alquiler tradicional o al coche de sustitución que al concepto de improvisación urbana que conocíamos hasta ahora. Porque la movilidad compartida no ha muerto, pero el sueño de encontrar un coche eléctrico barato esperando en cualquier esquina sí empieza a desaparecer.


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